Branden Franzen, estudiante de la Facultad de Odontología de la Escuela de Medicina LECOM (Lake Erie College of Osteopathic Medicine, School of Dental Medicine), comparte su historia.
Cada otoño, los pasillos universitarios resuenan con la misma pregunta: «Y bien, ¿cómo pasaste las vacaciones de verano?» Para muchos, la respuesta es obvia: vacaciones, visitas familiares, un merecido descanso. Pero para nosotros, los estudiantes de la Facultad de Odontología de la Escuela de Medicina LECOM, el verano no fue un descanso, sino un punto de inflexión. Dejamos Bradenton, Florida, donde completamos tres intensivos años de estudio, y nos embarcamos en nuestro año clínico final. La mitad de la clase se dirigió a Erie, Pennsylvania. El resto, incluido yo, comenzamos un nuevo capítulo en la pequeña ciudad de DeFuniak Springs, Florida.
Adiós a los fundamentos
Empaquetar tres años de vida no es solo guardar libros de texto e instrumentos. Significa dejar atrás un mundo entero. Aprendimos juntos de nuestros errores: desde las primeras impresiones dentales llenas de dudas hasta asistir en cirugías. Compartimos éxitos, fracasos y noches en vela con café y apuntes. Estos lazos se forjaron no solo con esfuerzo, sino también con emociones.
Fue igualmente difícil despedirse de los mentores que me guiaron paso a paso desde principiante hasta tener las manos seguras de un profesional. Celebraron mis primeros trabajos exitosos, me apoyaron tras los fracasos y enseñaron con paciencia hasta que mis movimientos se volvieron naturales y seguros. Su cuidado fue más que enseñanza; era un verdadero apoyo. La despedida resultó inesperadamente dura, como si me quitaran la red de seguridad a la que me había acostumbrado.

Cuarto año: un nuevo capítulo
En DeFuniak Springs, la adaptación fue breve: un par de días para orientarme en el nuevo lugar, y de nuevo los pacientes en el sillón dental. Pero ahora todo había cambiado. En el tercer año, cada decisión mía era supervisada por un profesor. Ahora, mis planes de tratamiento se discuten no como un examen, sino como una conversación entre colegas.
Este fue un punto de inflexión abrupto pero crucial. Por primera vez, me sentí completamente como el médico principal. La nueva clínica exigía flexibilidad: nuevos mentores, nuevos procesos, nuevos estándares. Pero fue precisamente a través de estos desafíos que llegó mi crecimiento personal. La responsabilidad se volvió tangible, y la confianza de los pacientes, la validación más significativa.
Pacientes que transformaron mi perspectiva de la odontología
El descubrimiento más importante me aguardaba no en los libros de texto, sino en los ojos de los pacientes. Desaparecieron los casos simples como un par de empastes y una corona. Ahora me enfrentaba a historias complejas: caries múltiples, enfermedad periodontal, pérdida de dientes, comorbilidades graves.
La planificación se convirtió en una partida de ajedrez: ¿qué hacer primero para aliviar el dolor? ¿Cómo distribuir el tratamiento en fases, considerando las finanzas y el resultado a largo plazo? ¿Cómo explicar e involucrar al paciente en el proceso? Aquí no solo se requería lógica clínica, sino también la habilidad de escuchar, empatizar y persuadir.
La práctica rural me abrió los ojos. Muchos acudían por primera vez después de años. Su confianza, su gratitud, me demostraron que el acceso a la atención médica no son cifras en informes, sino destinos reales. La empatía y la educación se han convertido en una parte integral del tratamiento.
Mirada al futuro
Este año fue más que un cambio de ubicación. Fue una transformación. Trabajar con quienes de otra manera se habrían quedado sin atención fortaleció mi certeza: la odontología no es solo un oficio, es una vocación. Ahora sé con claridad hacia dónde quiero dirigirme: a las zonas rurales, donde un solo profesional puede cambiar la vida de toda una comunidad.
Para mí, las «vacaciones» de verano fueron un puente: de estudiante a dentista, de la teoría a la responsabilidad. Y fue en un pequeño pueblo, entre quienes más necesitan ayuda, donde encontré no solo libertad profesional, sino también mi propósito.

